No hay nada peor que un ataque psicológico, nada enferma mas que la tendencia auto-destructiva de la mente humana, es un amplio campo de batalla entre un mortal y centenas de hechiceros, todos lanzando conjuros y maleficios al unisono contra su adversario, cada uno mas potente que el otro.
Mas sin embargo, allí sigue al otro lado de la montaña, aquel soldado, temerario, eufórico, excitado por el gran combate que protagoniza, es simplemente un guerrero, se vale de su habilidad, de su fuerza y feroz combate para salir airoso de la primera embestida, poco a poco se va fortaleciendo, va tomando terreno hasta eliminar uno a uno sus oponentes con sus propias manos, pero es su propio orgullo quien ahora lo tumba de rodillas, superficiales victorias son efímeras, no puedes adjudicarte victorioso si la batalla aun no cesa.
Para su fortuna, este joven paladín cuenta aun con una esperanza, un arma que suma a sus fortalezas, una espada, con el filo y el equilibrio perfecto, ligera como el viento. El joven toma de nuevo fuerzas al empuñarla, la duda, el temor, el ego, la estupidez, todo carece de fuerza ante el coraje y la sabiduría que emana de aquel guerrero, al verlo algunos huyen, los mas necios persisten y siguen sus ataques, pero nuestro gallardo amigo no retrocede. Accionar con coraje y sabiduría poco a poco asegura la victoria. Es la defensa mas certera ante nuestra naturaleza innata auto-destructiva...
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